El intendente peronista podría bajarse de su postulación, ya que su futuro por estas horas es equivalente al peso argentino.
Hasta los seres más pusilánimes pueden tener pequeños raptos de lucidez. Eso pareció primar hoy por la mañana cuando Alberto Fernández comunicó que no iría por una re-elección. El acierto estuvo en que la realidad a veces se impone hasta para los rangos más altos de la casta. De esta forma, Fernández se evita un papelón más.
Eso mismo podría hacer el intendente Zabaleta, quien los últimos meses estuvo sólo abocado a hacer caja para la campaña, fundamental para su proyecto de re-elección como intendente. Mientras la gestión municipal y el dinero de los contribuyentes se derrumban día a día. Claro que este sueño está (¿o estaba?) siempre a la espera de cobijarse bajo el ala presidencial, porque entre ellos se cubren.
Peleado, aunque nunca se sabe, con el kirchnerismo: ¿qué hará ahora? Y si se baja, ¿cómo queda su pacto con Delfino? El ex senador peronista Miguel Ángel Pichetto mostró que el afán de supervivencia de esta clase de seres -afán al que suelen llamar “pragmatismo”, de forma autoindulgente- los prepara para cualquier terreno y actitud sin ruborizarse.